jueves, 15 de febrero de 2018

Dos poemas de Denise Levertov




LOS TIBURONES

Y bien, el último día aparecieron los tiburones.
Aparecen aletas negras, inocentes
como una advertencia. El mar se torna
siniestro, ¿están por todas partes?
Créelo, dejan en el agua una brecha de seis pies.
¿No es este el mismo mar, y ya no
jugaremos más con él?
Me gustaba diáfano, y no
demasiado calmo, con bastantes olas
para lanzarme a él. Por primera vez
había osado nadar en lo hondo.
Llegaron al atardecer, en el instante
en que un resplandor cobrizo aquieta el mar,
no lo suficientemente oscuro aún
para ser iluminado por la luna, aún
lo bastante claro para verlos fácilmente. Negro
el aguzado borde de las aletas.




LA TERCERA DIMENSIÓN

Quién me creería si
dijera: “Me agarraron y

hendieron desde
el cuero cabelludo hasta la pelvis, y

todavía estoy viva, y
me paseo contenta

del sol y todas
las dádivas del mundo”. La honestidad

no es tan simple:
la simple honestidad no es

sino una mentira.
¿No esconden los árboles

el viento entre
sus hojas y

hablan con susurros?
La tercera dimensión

se esconde.
Si los empedradores

parten piedras, las
piedras son piedras:

pero el amor
me partió en dos

y estoy
viva para

contar el cuento; pero no
honestamente:

las palabras
cambian las cosas. Deja que sea

—aquí, bajo el dulce sol—
una ficción, mientras yo

respiro y
cambio el paso. 




De El poeta y su trabajo II (Editorial Universidad Autónoma de Puebla, 1983)
Traducción de Alberto Girri

lunes, 12 de febrero de 2018

Jules Renard - Fragmentos



23 de noviembre de 1888

No serás nada. Por más que hagas: no serás nada. Comprendes a los mejores poetas, a los prosistas más profundos, pero aunque digan que comprender es igualar, serás tan comparable a ellos como un ínfimo enano puede compararse con gigantes.

Trabajas todos los días. Te tomas la vida en serio. Crees fervorosamente en tu arte. Eres moderado con la mujer. Pero no serás nada.

No tienes que preocuparte por el dinero, no has de ganarte el pan de cada día. Eres libre, y el tiempo te pertenece. Solo tienes que querer. Pero te falta poder.

No serás nada. Llora, grita, agárrate la cabeza con las dos manos, espera, desespera, reanuda la tarea, empuja la roca. No serás nada.

Tienes una cabeza extraña, esculpida a cuchilladas como las de los genios. La frente se te ilumina como a Sócrates. Según la frenología, recuerdas a Cromwell, a Napoleón y a tantos otros, y sin embargo no serás nada. ¿Por qué este derroche de buenas disposiciones, de dones favorables, si no has de ser nada?

¿En qué astro, en qué mundo, al amparo de qué Dios, en qué nueva vida contarás entre los seres, dónde te envidiarán, dónde los vivos te saludarán respetuosamente, dónde serás algo?



18 de marzo de 1890

Los elogios se invierten como se invierte el dinero, para que nos lo devuelvan con intereses.



2 de junio de 1890

He construido castillos en el aire tan hermosos que me conformo con las ruinas.



30 de mayo de 1894

Mi literatura no es sino la continua corrección de lo que me sucede en la vida.

Como alguien que febrilmente busca en un libro qué hacer para reanimar al ahogado que yace en la orilla.



29 de julio de 1895

Toda nuestra crítica consiste en reprochar a otros que no tengan las cualidades que nosotros creemos tener.



8 de diciembre de 1896

El paraíso no está en la tierra. Pero hay fragmentos. En la tierra hay un paraíso roto.



30 de diciembre de 1896

Un mono: un pariente pobre.



14 de mayo de 1898

Tengo gustos de acróbata solitario. Me gusta darme la espalda a mí mismo.



20 de julio de 1898

La esperanza es salir con un sol radiante y regresar bajo la lluvia.



1 de octubre de 1898

A ti y a mí, cerdo, solo nos apreciarán una vez muertos.

La moral está en los hechos, no en los sentimientos. Si cuido bien a mi padre, puedo entretenerme deseando su muerte.



11 de marzo de 1901

Trata de no aceptar nada de manos que no te gustaría estrechar si no te ofreciesen nada.



10 de noviembre de 1901

Amo, amo, ciertamente amo, y creo amar profundamente a mi mujer, pero de todo lo que dicen los grandes amantes —Don Juan, Rodrigo, Ruy Blas— no hay una sola palabra que pudiera decirle sin echarme a reír.



17 de noviembre de 1901

¡Qué rabia no ser Victor Hugo!



15 de abril de 1902

El pájaro enjaulado no sabe que no sabe volar.



2 de noviembre de 1903 

Me felicitan por no escribir demasiado. Pronto me felicitarán por no escribir nada.



11 de octubre de 1904

En los campos de patatas, todos los campesinos parecen cavar sus tumbas.



16 de diciembre de 1904.

Por fin sé lo que distingue al hombre de la bestia: los problemas de dinero.



11 de agosto de 1907

Imagino muy bien mi busto en la plaza del cementerio viejo con esta inscripción:


A JULES RENARD

sus compatriotas indiferentes.



De Diario 1887-1910 (Debolsillo, 2008)
Traducción de Josep Massot e Ignacio Vidal-Folch

miércoles, 3 de enero de 2018

Tres poemas de Richard Brautigan




MISTERIOSA HISTORIA A LO DASHIELL HAMMET

Cada vez que salgo de mi cuarto de hotel
acá en Tokio
hago las mismas cuatro cosas:
me aseguro de tener mi pasaporte
mi cuaderno
mi lapicera
y mi diccionario
inglés-japonés.

El resto de la vida es un completo misterio.

Tokio
26 de mayo de 1976




RECITAL POP JAPONÉS

Nunca nunca te olvides
de las flores
que fueron rechazadas,
ridiculizadas.

Una chica muy tímida le regala a la
nueva estrella del pop un hermoso
ramo
de flores

entre canciones. Qué coraje
el suyo caminar hacia
el escenario y darle
las flores.

Como si fueran basura, él las toma y
las deja en el piso. Quedan ahí.
Ella vuelve a su lugar y mira
las flores, tiradas.
No lo soporta.

Huye.
Se va
pero la música
sigue.

Yo prometo.
Prometan ustedes, también.
Tokio
31 de mayo de 1976




TAXISTA

Me gusta este taxista,
que corre a través de las oscuras calles
de Tokio
como si la vida nada significara.
Me siento igual.

Tokio
17 de junio de 1976
10 p.m.



De 30 de junio, 30 de junio (Zindo & Gafuri, 2016)
Traducción de María Eugenia Soler y María Gabriela Raya

miércoles, 6 de diciembre de 2017

Tres poemas de Peter Semolic



CHARLA DE ATARDECER

A veces, cuando estoy aburrido,
charlo con Dios.
Juntos observamos los dibujos del linóleo,
su rítmica repetición
en el suelo de la cocina.

En estas manchas, digo,
puedes reconocer un oso,
en estas, un gato,
y si le quitas el sombrero
a este hombre gracioso,
se ve una cabeza de león.

Torpemente repite tras de mí:
Oso, gato…
Cada vez que encuentra una imagen semejante
junto al aparador o bajo la ventana
se sorprende de nuevo.

¿Ves esta línea
que parte en dos el piso?
Cuánta disonancia mete en las figuras.
Acá podría haber un bisonte,
pero sólo salió un mutilado
lomo de caballo.

Bisonte, lomo de caballo…
Deletrea como un niño en su primera lectura,
horrorizado por la negra rajadura
que parte en dos el piso de la cocina.

Señalo hacia adelante, hacia la puerta que da al corredor,
donde empiezan las partes de los monstruos,
de seres fantásticos sin cabeza,
espantosos engendros sin cuerpo.
Lentamente lo empujo hacia afuera
porque ya es tarde y quisiera dormir.

Pero por la noche, cuando me levanto
para tomar un vaso de agua,
sigue parado en el umbral,
mirando la delgada fisura
que va de la pared a la ventana,
como alguien
que se ha extraviado en una ciudad extraña
y no sabe el idioma
para preguntar por el camino.



NARCISO PERPLEJO

Apenas me acostumbré a la fotografía, ya está acá
la televisión. La estoy viendo. Un programa cultural.
Un hombre joven sonríe un poco tontamente y
habla. Habla de sí mismo, habla de poesía.

Habla. A mi juicio no es demasiado inteligente
lo que dice, ni tampoco demasiado estúpido. Habla
como la gente común delante de la cámara.
Trabándose. Con pausas molestas. Quizás

resultaría simpático si la locutora
no le hubiese fijado un nivel inalcanzable
con su reflexión crítica introductoria. Pero así es un obstáculo
a un arroyo que murmura, una piedra que hace

saltar al automóvil, un cierre fallado.
Me dicen que ese hombre soy yo. Me dicen
que en la televisión me veo tal como soy en la realidad.
Yo no les creo. No, no les puedo creer eso.



MENSURABILIDAD

Me miden. Miden la cantidad de mis pelos,
el tamaño de mi pie.  Miden mi órgano,
mi altura, mi peso. Miden la cantidad
de cigarrillos que fumo por día.

Ya de niño me midieron el contorno
de la caja torácica, mi capacidad pulmonar.
Me midieron el empuje. Cuán lejos saltaba
estando detenido o corriendo. Cuán alto.

Me miden. No sé para qué. No sé
en nombre de quién. No sé quién lee
esos datos y con qué intención.
Quizás alguna autoridad, quizás alguien

 que me quiere someter a control. Quizás.
Huyo al poema, al espacio de una posible libertad.
Pero ya se presenta el crítico. Mide la profundidad del pensamiento,
la altura de la inspiración. Descompone el poema y lo
transforma en una multitud de signos estadísticos.



De El fin comenzará por los suburbios (Gog y Magog, 2008)
Traducción de Pablo Fajdiga

lunes, 4 de diciembre de 2017

Seis relatos de Lydia Davis




EL PELO DEL PERRO

El perro no está más. Lo extrañamos. Cuando suena el timbre, nadie ladra. Cuando volvemos tarde, no hay nadie esperándonos. Todavía encontramos sus pelos blancos aquí y allá por toda la casa y en nuestra ropa. Los recogemos. Deberíamos tirarlos. Pero es lo único que nos queda de él. No los tiramos. Tenemos una esperanza loca: si recogemos suficientes, vamos a poder armar el perro otra vez.




LA NOVELA MALA

Esta novela aburrida, difícil, que traje conmigo en el viaje: sigo tratando de leerla. Volví a ella muchas veces, con miedo cada vez y cada vez encontrándola tan mala como la vez anterior, tanto que a esta altura se convirtió en algo así como una vieja amiga. Mi vieja amiga la novela mala.




DOS SEPULTUREROS

Un empleado de funeraria, llevando un cuerpo hacia el norte por la autopista, en Francia, se detiene en un restaurante al costado de la ruta para almorzar algo. Allí se encuentra con otro empleado de funeraria, un colega conocido, que también paró para almorzar algo y está llevando un cuerpo hacia el sur. Deciden sentarse a la misma mesa y comer juntos.
Roland Barthes es testigo de este encuentro entre dos profesionales. Es el cuerpo de su propia madre el que llevan al sur. Los observa desde una mesa separada, donde se sienta con su hermana. Su madre, por supuesto, está acostada afuera, en el coche fúnebre.




LA CAMINATA DE ÖDÖN VON HORVÁTH

Ödön von Horváth caminaba cierto día por los Alpes bávaros cuando descubrió, a cierta distancia del camino, el esqueleto de un hombre. El hombre había sido, evidentemente, un alpinista, puesto que llevaba una mochila. Von Horváth abrió la mochila, que estaba casi como nueva. Dentro encontró un suéter y otra ropa; una pequeña bolsa con lo que había sido comida alguna vez; un diario; y una postal de los Alpes bávaros, lista para ser enviada, que decía: «La estoy pasando maravillosamente».




HANDEL

Tengo un problema en mi matrimonio y es que no me gusta George Frideric Handel tanto como a mi marido. Es una barrera real entre nosotros. Me da envidia una pareja que conocemos, por ejemplo, en la que los dos aman tanto a Handel que a veces se hacen el larguísimo viaje a Texas nada más que para escuchar a un tenor en particular que canta un fragmento de una de sus óperas. A esta altura, ya han convertido a otro de nuestros amigos en amante de Handel. Me sorprende, porque la última vez que hablamos de música, a ella le gustaba Hank Williams. Los tres fueron en tren a Washington, D.C., este año a escuchar Giulio Cesare in Egitto. Prefiero los compositores del siglo XIX y particularmente a Dvořák. Pero soy muy abierta a todo tipo de música, y generalmente si me expongo a algo durante el tiempo suficiente, me termina gustando. Pero, a pesar de que mi marido pone una especie de música vocal de Handel casi todas las noches si no digo nada para evitarlo, no he llegado a amar a Handel. Afortunadamente, descubrí una terapeuta no muy lejos de aquí, en Lenox, Massachusetts, que se especializa en Handel-terapia, y voy a probarla. (Mi marido no cree en la terapia y sé que no iría conmigo a una Dvořák-terapia aunque hubiera una)




LAS BUSCADORAS DE MARIDO

Bandadas de mujeres tratan de aterrizar en una isla, buscando maridos en una tribu de hombres jóvenes muy bellos. Vuelan a través del mar como capullos de algodón o como un semillero de plantas silvestres, y cuando las rechazan se amontonan lejos de la costa en un banco flotante de lana blanca.

sueño



De Ni quiero ni puedo (Eterna Cadencia, 2014).
Traducción de Inés Garland.

Tres poemas de Lucille Clifton




EN SALEM

Extraña hermana
las brujas negras saben que
el terror no está en la luna
coreografiando danzas de lobizonas
y que el terror no está en la escoba
balanceándose al murmullo de la música gatuna
ni en la cara salvaje del reloj que sonríe desde la pared,
el terror está en el rosado ordinario
en la ventana
y en los cercos, morales como el fuego
y en la cara ordinaria de la mujer blanca que nos mira
mientras amasa a golpes el pan de cada día.




HOMENAJE A MIS CADERAS

estas caderas son grandes caderas
necesitan espacio
para moverse.
no entran en pequeños
lugares bonitos. Estas caderas
son caderas libres.
no les gusta que las detengan.
estas caderas nunca fueron esclavizadas ,
van adonde quieran ir
hacen lo que quieran hacer.
estas caderas son caderas poderosas
estas caderas son caderas mágicas.
las he visto
hechizar a un hombre y
hacerlo girar como trompo.




HUESOS NUEVOS

usaremos
huesos nuevos otra vez.
dejaremos atrás
estos días lluviosos,
nos escaparemos por
otra boca
hacia momentos de sol y miel.
zumban sobre nosotros mundos como abejas,
con huesos nuevos estaríamos espléndidos.
otra gente cree que sabe
cuán larga es la vida
cuán fuerte es la vida.
nosotros sabemos. 




De De la nieve, los pájaros. Poesía de mujeres norteamericanas (RIL Editores, 2010)
Traducciones de Rossana Álvarez y Lisa Marie Bradford

sábado, 4 de noviembre de 2017

Tres poemas de Soledad Castresana



UN ENTIERRO
 
todas las noches
encerrábamos a los charitos
en el gallinero

una mañana cedió el tejido
y un revoltijo de plumas
se nos pegó a los ojos

en el patio de la capilla
enterramos los huesos
las patas los picos
hicimos guirnaldas de flores
sobre las tumbas
clavamos cruces
de varillas y alambre

las manos cubiertas de ampollas
rezamos
lloramos

más tarde sacamos las cruces
y las usamos de espadas



AMANECER
 
hay que revolver la sangre
en cruz
con una cuchilla
sin parar
mientras esté vivo

el cuero es duro
es dura la grasa
es duro atravesar
clavar hondo
¿quién que ha sido capado
puede soportar sin cagarse
ver la propia sangre
llenando una olla?

el último signo vital
se registra en el ano
mientras tanto el agua
hierve en los tachos

hay que sacar los coágulos
con las manos
hay que tirarlos contra un árbol
para las gallinas
para alimentar la rapacidad
de las crías de chimangos

el susurro del filo
raspa el cuero hirviendo
el pelo cae se apelotona
con la sangraza

el hombre que abre
despliega su precisión
como si midiera su miembro

el filo es la forma de la mano
el corte convierte
al cerdo en mariposa
la sierra divide


movidas por el reflejo las entrañas
crujen como si vivieran

sobre la carretilla
catarata de vísceras y caldos

hay que lavar las tripas
hay que escurrir
borrar los restos

las gallinas enfrentan
la saliva de los perros
no distinguen lo fresco
de lo digerido

mientras tanto la cabeza
hierve en los tachos
sin ojos

el aire congela el olfato
el frío limpia

el cerebro de un cerdo cabe
en la mano de un niño de 8 años



ESCENA FAMILIAR

construimos una casita
en el bosque
debajo del paraíso
sobre el tronco quebrado
de un eucalipto

la decoramos con girasoles
espigas de trigo
margaritas silvestres

juntábamos moras y quinotos
hacíamos tortitas con barro
y trenzas con flores y hojas
para adornarnos el pelo

a los varones y a los perros
los mandaban al campo
entonces las chicas
jugábamos solas
a la mamá y al papá

las violetas sobre el musgo
nos servían de cama



De 53/70: Poesía argentina del siglo XXI (EMR; Espacio Santafesino; Centro Cultural Parque de España AECID, 2015)