lunes, 6 de marzo de 2017

Tres poemas de Yolanda Pantin




EL CIERVO

Iba yo con mi hermano por el bosque,
cuando lo vi entre las ramas asomarse.

Puede verlo como era,
y él, mirarme:

macho, de alta cornamenta.

Aunque de noche,
los ojos clarearon en su estupor al verme.

Volvió la grupa,
temeroso.

Yo alcé el arma que llevaba
y apunté entre los cuernos.

Disparé. Y con ello la cabeza
se deshizo en el aire

 que había respirado.

Donde hubo belleza
quedó el cuerpo tendido

sobre la hierba.

Tomé el arma
y se la di a mi hermano.
“Ten”, le dije, “el rifle
con el que he matado sin deseo.”

Volví la espalda
y caminé hacia el auto

que había dejado
en el umbral del bosque.




EL RÍO INTERIOR

El río Ouse no está en Inglaterra;
atraviesa con parsimonia
el estado de Iowa
en el Midwest de los Estados Unidos
de Norteamérica.
Mientras le cantan al oído
baladas tiernas,
las adolescentes llevan a sus novias
a bogar en las aguas
mansas del río.
Es profundo su cauce
y en sus orillas crece la hierba
que el viento del verano
hace ondular  
como una armoniosa coreografía.
En su curso,
el Ouse bordea la escuela primaria
de una rústica aldea.
Con delgadas cañas de pescar,
hechas a mano por algún pariente,
los pequeños se concentran en la tarea
de sacar del agua al pez
que batalla por su vida
en el extremo
tenso del cordel.
El Ouse nace y muere en el estado de Iowa.
Su trayecto es breve;
su memoria, perdurable.
Es un río temible,
advierten los mayores
al perderlo
de vista
en las gargantas de granito
que atraviesan la tierra
hasta su centro.
En las altas horas
cuando las lámparas
se apagan
para así desnudar
el terror de los niños,
el Ouse irrumpe en el sueño.
Extraño a todo
paraje idílico,
son árboles las llamas,
y ávidas
las bocas
de las casas de hierro.
Los aldeanos
no se acercan a la orilla,
tienen miedo;
tal vez por ello el accidente
nunca se menciona,
ni siquiera en el invierno
cuando la oscuridad
incita a develar
los misterios del suicida.
Pero eso ocurrió en Inglaterra
en 1941
–marismas del Ouse,
condado de Sussex–
y no el río que atraviesa
dulcemente
las praderas de Iowa
en el Midwest de los Estados Unidos
de Norteamérica.




LOS QUE VAN A MORIR

Hay dos millones de historias
en la ciudad desnuda

con qué indiferencia escuchamos  
de la boca de los otros
ha muerto alguien hemos roto el vínculo

Llueve llueve sobre el lago
Rosas en el cielo
Amarillo

Nada nos importa

Estos son nuestros miedos
nuestros besos nocturnos

quebrar los sueños y el cuello
de los otros

y orar

–profundamente




De País. Poesía reunida 1981-2011 (Pre-textos, 2007) 

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