miércoles, 26 de septiembre de 2012

Melville & Olson


Aunque en muchos de sus aspectos, el mundo visible parece haberse formado en el amor, las esferas invisibles se formaron en el pavor.

*

He escrito un libro impío y me siento inmaculado como un cordero.

*

Por alguna razón me aferro a la noción de que en todos los hombres residen  a escondidas ciertas propiedades portentosas y ocultas —como en algunas plantas y minerales— que por algún feliz pero muy raro accidente (como el bronce se descubrió en la fundición del hierro y el cobre amarillo cuando ardió Corinto) bien pueden ser convocadas aquí en la tierra.

*

La desolación de la tierra ¿es el resultado del abrazo fatal de la Deidad?

(Melville)

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La noche del 26 de enero de 1824, cuando el ballenero Globe de Nantucket surcaba el Océano Pacífico cerca de la isla Fanning, latitud norte 3° 49´, longitud oeste 158° 29´, uno de los dos arponeros del buque, Samuel B. Comstock, de 21 años, hijo de un maestro cuáquero de escuela de Nantucket y descendiente por el lado de su madre de los Mitchell , una familia tan orgánica en la vida como los Coffin, Starbuck, Gardner y Macy, descendió al camarote poco después de media noche y, con un hacha, le partió la cabeza en dos al capitán mientras dormía, mató al primer contramaestre del mismo modo, confrontó a los dos oficiales restantes con el grito de "soy el hombre ensangrentado, tengo la mano ensangrentada y tendré mi venganza", mató al tercer contramaestre con un tiro de mosquete y dejó moribundo al segundo contramaestre de las heridas que le infligiera con el cuchillo de dos filos, más de un metro de largo y tres pulgadas de ancho que se utiliza para cortar la esperma del cuerpo del cachalote.

*

El principio del hombre fue el mar salino. La reverberación perpetua de este gran hecho antiguo, constantemente renovado en el desenvolvimiento de la vida de cada ser humano, es el hecho más importante apropósito de Melville. Pelágico.
Tenía la tradición por dentro, honda, en el cerebro, las palabras, el pulso salino de su sangre. Tenía el mar de sí mismo vigoroso, agobiante, como Poe tenía la calle. Eso le permitió inspirarse en Shakespeare. Noé, y Moisés eran sus contemporáneos. La historia era rito y repetición cuando la imaginación de Melville latía a su compás propio.  
Era un sentido más antiguo que el del hombre europeo, más próximo a la magia que a la cultura. La magia que, a diferencia del culto, es negra. Pues la magia tiene un solo propósito: obligar a las fuerzas humanas o no humanas a hacer nuestra voluntad. Como Ahab, norteamericano, un objetivo: el dominio sobre la naturaleza.    

*

Tengo para mí que el ESPACIO es el hecho central para el hombre de los Estados Unidos, de la cueva de Folsom a nuestros días. Lo escribo en grande porque aquí es grande. Grande y sin misericordia.

*

Para Melville lo que yace en el fondo de nosotros como individuos y como pueblo no es la voluntad de ser libres sino la voluntad de abrumar a la naturaleza.

*

Este Ahab había enloquecido. El objeto de su atención era algo desmedidamente grande y blanco. Se había convertido en un especialista: había concentrado todo el espacio en la forma de una ballena llamada Moby Dick.

*

Lo que el pacífico le había confirmado, él dejó que Cristo lo desvirtuara. La promesa de vida futura fue lo que le hizo morder el polvo.
La muerte lo incomodaba. La vida a la intemperie, su propia intemperie, le preocupaba, en palabras de Dickinson, como una avispa. Buscó solaz en la Resurrección. No consiguió nada. No logró nada a cambio de perder su mortalidad. Mermaron las dimensiones de la vida que el había percibido. Los objetos perdían gravedad conforme abultaban.
Todo lo que queda en 1856 es la cáscara de su propia fe: a Hawthorne le dice que "se había acostumbrado a la idea de que sería reducido a la nada".

(Olson)

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Ego non baptizo te in nomine patris, sed in nomine diaboli. 


*



¡Dios! ¡Dios! ¡Desfóndame el cerebro!


(Ahab)


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De Llámenme Ismael (Ediciones Era, 1977)







miércoles, 19 de septiembre de 2012

Dos poemas de Anne Carson


De Glass, Irony and God

Los Predilectos de Dios Permanecen Fieles

El Caos nos eclipsa.
Dolor crudo se cierne sobre nosotros.
Somos asfixiados por amarga luz.
Nuestros huesos se agitan como ramas.
Nos rompemos.
Buscamos a ciegas.
Estamos secos y jadeamos.
Nuestras lenguas son oscuras.
Días interminables.
Interminables noches.
La piel se arrastra, se quiebra.
Nuestra habitación es un felino que juega con nosotros.
Nuestra fe es una soga.
Ponemos nuestra propia carne en nuestros dientes.
El otoño nos mueve como a paja a través de los prados.
Hemos sido separados y caemos.
Colgamos sobre un vacío.
Nos destrozamos sobre el océano.
Nos fundimos en la negrura.
Nos han abierto y drenado.
Lo insignificante nos bebe.
Mentimos sin disimular.
Somos polvo.
No sabemos nada.
No tenemos respuestas.
No hablaremos más.
PERO NO NOS DETENDREMOS.
Porque somos los predilectos.
Hemos sido instruidos para llamar a esto amor.


La Gracia Que proviene de la Violencia

Tu historia no es (siento decirlo) como la cuentan
aunque chilles y arañes
asomando de las tumbas,

donde habitas ahora.
Dios presiona algunas veces.
Apareció el profeta

para enviar tu espíritu inmundo
a los cerdos, que se volvieron locos.
Yo te vi

al fondo de la fosa de la piedad
buceando en sangre de cerdos—
"purificado".








lunes, 17 de septiembre de 2012

Charles Reznikoff - Masacres


De HOLOCAUSTO:


MASACRES*

1

El primer día que llegaron los alemanes a la ciudad
donde vivía la muchacha
juntaron a los hombres judíos y los obligaron a recoger la basura de las calles
con las manos.
Los hicieron desvestirse
y tras cada judío, un soldado alemán con bayoneta
le ordenaba correr:
si el judío paraba,
recibía un piquete en la espalda.
Casi todos regresaron a sus casas sangrando,
entre ellos su padre.
Después, cuando la guardia alemana abandonó la plaza,
la invadieron grandes camiones;
de cada uno saltaron cerca de doce soldados,
con uniformes verdes y cascos de acero:
eran hombres de las S.S.
Fueron de puerta en puerta
sacaron a los hombres judíos —jóvenes y viejos—   
y los llevaron a la plaza:
ahí les hicieron poner las manos en la nuca.
Aquella vez se llevaron unos treinta judíos;
entre ellos, su padre.
Los subieron a un camión y se los llevaron.
La muchacha quiso alcanzarlos,
corrió hasta llegar a un bosque vecino.
Ahí los encontró a todos—
muertos.

Les habían disparado
y con cierto orden
estaban tendidos en la tierra:
judíos y polacos
en grupos de cinco
pero judíos y polacos separados.
Besó a su padre:
estaba frío,
apenas se lo habían llevado una hora antes.


2

Cuando llegaron los alemanes
Su padre era dueño de una tenería
Y hombre prominente dentro de la comunidad judeo-polaca.
Metieron a sus caballos a la sinagoga y la convirtieron en establo.
Una tarde de sábado, campesinos de las aldeas vecinas
llegaron a decir que
los alemanes estaban matando judíos: tenían que escapar, esconderse.
Pero el rabino y otros ancianos del pueblo
dijeron que escapar era inútil;
pensaron que los alemanes se llevarían algunos muchachos para obligarlos a trabajar
pero no creyeron que mataran a nadie.

Al día siguiente, antes del amanecer, un judío de una aldea vecina
entró al pueblo gritando:
“¡Sálvense, judíos!
Los alemanes nos están matando.”
Y la gente del pueblo vio llegar a los alemanes.
El abuelo de la muchacha dijo: “Corran a esconderse, hijos, pero yo me quedo:
no me harán daño.”
Quienes pudieron se ocultaron en el bosque.
Durante el día oyeron balaceras—
gritos y tiros aislados;
pero al anochecer pensaron que los alemanes se estarían yendo del pueblo
y, en efecto, al cruzarse con ellos los campesinos
decían: “Regresen.
Los alemanes mataron a todos.”

Cuando regresaron,
vieron que los alemanes habían concentrado unos ciento cincuenta judíos,
entre ellos al rabino y otros notables
y los habían reunido en el centro del pueblo.
Le dijeron al rabino que llevara su manto ritual—
le ordenaron que se lo pusiera y con él cantara y bailara. Se negó
fue golpeado, igual que los otros judíos.
Luego los condujeron al cementerio.
Ahí les habían cavado una fosa poco profunda.
Los obligaron a acostarse
y dispararon. Pero su padre permaneció en el pueblo, vivo:
había dicho que estaba en su tienda cortando cuero para hacer zapatos
y fue registrado como zapatero.

Después, los alemanes entraron al pueblo para llevárselo todo;
el lugar hormigueaba de alemanes —cuatro o cinco por cada judío.
Muchos fueron llevados a un camión;
quienes no pudieron subir por sí mismos
fueron aventados; y aquellos que no alcanzaron lugar
recibieron la orden de correr siguiéndolo.
Los alemanes contaban a los judíos y buscaban a cada faltante de su lista.
La muchacha estaba entre los que corrían,
con su hijita en brazos.
Había quienes, también, cargaban dos o tres niños
llevándolos en brazos conforme corrían tras el camión.
Fusilaban a los que caían en el lugar mismo de la caída.

Cuando la muchacha alcanzó el camión,
todos estaban abajo, desnudos y formados,
entre ellos su familia.
Había una pequeña colina y al pie de la colina una zanja.
Los judíos recibieron la orden de pararse a lo alto de la colina
y cuatro hombres de la S.S. dispararon, los mataron uno a uno.
Cuando la muchacha llegó a la cima y miró hacia abajo
vio tres o cuatro filas de cadáveres sobre la tierra.
Algunos jóvenes intentaron huir
pero fueron alcanzados
y muertos ahí mismo.
Los niños se despedían de sus padres;
la hija de la muchacha dijo,
“Mamá, ¿qué esperamos? ¡Vamos a correr!”

Su padre no quiso desvestirse por completo
y se quedó en ropa interior.
Los hijos le pidieron que lo hiciera
pero no quiso y fue golpeado.
Luego los alemanes le desgarraron la ropa
y lo mataron.
También mataron a su madre,
y mataron a la madre de su padre;
tenía ochenta años
y llevaba dos niños en los brazos;
la hermana de su padre
también cargaba niños,
fue fusilada en el acto.
La hermana más joven y otra muchacha, amiga de su hermana,
se dirigieron a uno de los alemanes,
desnudas ante él,
le suplicaron misericordia.
El alemán las miró a los ojos
y las mató —a su hermana y a su joven amiga;
cayeron
abrazándose una a la otra.
El alemán que había matado a su hermana menor
se volvió havia la muchacha
y le dijo “¿a quién mato primero?”
Tenía a su hija en brazos y no quiso contestar.
Sintió que le quitaba a la niña;
la niña gritó y fue ejecutada.
Luego se dirigió hacia ella: la tomó de los cabellos
y le volteó la cabeza.
Permaneció parada y oyó un disparo
pero siguió de pie.
Volvió a voltearle la cabeza y le disparó;
cayó a la fosa
entre los cuerpos.

De pronto sintió que se ahogaba;
otros cuerpos habían caído sobre ella.
Trató de tomar aire
y empezó a trepar hacia el borde de la zanja,
y sintió que la jalaban
y mordían sus piernas.
Por fin llegó al borde.
Yacían cuerpos en todas partes
pero no todos estaban muertos:
agonizaban, pero no morían;
y los niños gemían, “Mamá!, ¡Papá!”
Quiso erguirse pero no pudo.
Los alemanes se habían ido.
Estaba desnuda,
cubierta de sangre y tierra con el excremento de las víctimas,
y notó que tenía un disparo atrás de la cabeza.
La sangre chorreaba
por todas partes;
y oyó gritos y lamentos de los sobrevivientes.
Comenzó a buscar entre los cuerpos a su hijita
gritando su nombre;
queriendo unirse a los muertos,
y llamando a su padre y a su madre;
“¿Por qué no me mataron a mí también?”

Estuvo ahí toda la noche.
De pronto vio alemanes a caballo
y se sentó en el campo
y escuchó la orden de amontonar los cadáveres;
y los cuerpos —muchos estaban heridos pero vivían—
fueron amontonados con palas.
Había niños que corrían.
Los alemanes los atraparon
y los fusilaron también;
pero no se acercaron a donde ella estaba. Los alemanes se fueron
y con ellos los campesinos de los alrededores
—obligados a ayudar—
y con ellos las metralletas y camiones.   

Se quedó tirada en el campo.
Los pastores trajeron sus rebaños;
y le tiraron piedras,
creyendo que estaba muerta o loca.
Después un granjero que pasaba la vio,
le dio de comer
y le ayudó a reunirse con los judíos en un bosque cercano.


3

Las tropas ocupantes formaron a las mujeres judías,
les ordenaron desvestirse,
y ellas permanecieron en ropa interior.
Un oficial, viendo la fila de mujeres,
Se detuvo a mirar a una joven—
Alta, de largas trenzas y ojos radiantes.
Siguió mirándola, luego sonrió y le dijo:
“¡Da un paso adelante!”
Atónita —todas lo estaban— no se movió,
él volvió a decir: “¡Da un paso adelante!
¿No quieres vivir?”
Ella dio ese paso
y entonces él dijo: “Qué pena
enterrar a semejante belleza.
¡Vete!
Pero no mires atrás.
Hay una calle que lleva a la avenida.
Síguela.”
Ella dudó
y luego empezó a caminar.
Las otras la miraron
—sin duda con envidia—
y ella avanzó, lentamente, paso a paso.
El oficial sacó su revólver
y le disparó por la espalda.


4

Un soldado que disparaba se había sentado en el borde estrecho de la fosa,
los pies colgando;
mientras fumaba un cigarro,
con la metralleta en las rodillas.

Al llegar cada camión, sus ocupantes—
hombres, mujeres y niños judíos de distintas edades—
tenían que desvestirse
y acomodar su ropa en lugares asignados,
en grandes pilas:
zapatos, abrigos, ropa interior.

El hombre de la S.S. sentado en la fosa,
llamó a su camarada
y contó hasta veinte, ya completamente desnudos,
y les ordenó bajar los escalones clavados en las paredes de la fosa:
tuvieron que trepar entre las cabezas de los muertos
hacia donde señalaba el soldado.
Mientras se dirigían a la fosa,
una joven esbelta de pelo negro,
al pasar junto a un civil alemán que estaba observando,
se señaló a sí misma y dijo:
“Tengo veintitrés años”.
Una vieja de pelo blanco
cargaba un bebé de un año
en sus brazos,
le cantaba y lo acariciaba,
y el niño parecía gozar;
y un padre sostenía la mano de su hijito
—el niño a punto de romper en llanto—
le hablaba suavemente,
acariciando su cabeza
y señalando al cielo.

Muy pronto los cuerpos fueron apilados en la fosa,
uno sobre otro,
todavía con los cráneos visibles y la sangre corriendo por los hombros;
algunos aún se movían,
levantando los brazos y agitando las cabezas.


5

Sacaron a unos veinte jasídicos de sus casas,
con los caftanes
y los mantos rituales que llevaban
y los libros sagrados en las manos.
Los llevaron a una colina.
Ahí recibieron la orden de cantar sus plegarias
y levantar los brazos para implorar la ayuda de Dios.
Y mientras lo hacían,
los oficiales les rociaron gasolina
y les prendieron fuego.


*Basado en una publicación del gobierno de los Estados Unidos, Juicios criminales ante el Tribunal Militar de Nuremberg y en las grabaciones del juicio de Eichmann en Jerusalén.


De Una antología de poesía norteamericana desde 1950 (Ediciones del Equilibrista, 1992)
Traducción: Adriana González Mateos y Myriam Moscona

miércoles, 12 de septiembre de 2012

Tres poemas de Mark Strand



XVI

Es cierto, como alguien dijo, que en
Un mundo sin cielo todo es despedida.
Agites o no tu mano, es despedida

Y si no asoman lágrimas a tus ojos,
Es de todos modos despedida, y si finges no saberlo,
Detestando cuanto pasa, También es despedida.

Despedida, sin importar qué. Y las palmeras, al ladearse
Sobre la verde esplendente laguna, y los pelícanos
En picada, y los atentos cuerpos de los bañistas que descansan,

Son etapas de una quietud final, y el deslizarse
De la arena y el viento y los secretos movimientos del cuerpo
Forman parte de lo mismo, una simplicidad que vuelve todo

Ocasión de duelo, o algo digno
De celebración, pues ¿qué hacer frente
Al peso de las alas de los pelícanos

La densa sombra de las palmeras, las células que oscurecen
La espalda de los bañistas? Esto va más allá de las distorsiones
Del azar, más allá de los efugios de la música. El final

Se representa una y otra vez. Y lo sentimos
En las evocaciones del sueño, en la maduración de la luna,
En el vino que reposa en la copa.

De Elegía para mi padre 



1. EL CUERPO VACÍO

Eran tuyas las manos, los brazos eran tuyos,
Pero tú no estabas.
Eran tuyos los ojos, pero estaban cerrados y no los abrirías.
El sol, distante, estaba allí.
La luna posada en el hombro blanco de la colina estaba allí.
El viento de Bedford Basin estaba allí.
La verde, desvaída luz invernal estaba allí.
Tu boca estaba allí,
Pero tú no estabas.
Si alguien hablaba no había respuesta.
Las nubes bajaron
Y cubrieron los edificios junto al agua,
Y callaba el agua
Lo vieron las gaviotas.
Los años, las horas, que no te encontrarían
Se apoyan en las muñecas de los otros.
No había dolor. Se había ido.
No había secretos. No había nada que decir.
La sombra esparció sus cenizas.
El cuerpo era tuyo, más tú no estabas allí.
El aire se estremeció contra su piel.
Lo oscuro se asomó a sus ojos.
Pero tú ya no estabas.



6. AÑO NUEVO

Es invierno y año nuevo.
Nadie te conoce.
Lejos de las estrellas, de la lluvia de luz,
Descansas bajo la rocosa estación.
No existe hilo que guíe tu regreso.
Tus amigos dormitan en la oscuridad
Del placer sin poder recordar.
Nadie te conoce. Eres el vecino de nada.
No ves caer la lluvia ni al hombre que se aleja,
El sucio viento esparciendo sus cenizas sobre la ciudad.
No ves el sol arrastrando a la luna como un eco.
No ves el herido corazón alzarse en llamas,
Los cráneos de los inocentes tornarse en humo.
No ves las cicatrices de la abundancia, los ojos sin luz.
Todo ha terminado. Es invierno y año nuevo.
Los humildes se despojan de su piel en el cielo.
Los desesperanzados padecen el frío con los que no tienen nada que ocultar.
Todo ha terminado y nadie te conoce.
Hay una luz estelar deslizándose en el agua oscura.
Hay piedras en el mar que nadie ha visto.
Hay una ribera y gente esperando.
Y nada retorna.
Porque todo terminó.
Porque en vez de un nombre hay silencio.
Porque es invierno y año nuevo.



De La escuela de Wallace Stevens (Vaso Roto, 2011)
Traducciones: Jeannette L. Clariond

domingo, 9 de septiembre de 2012

Tres poemas de Susana Thénon


NO ES UN POEMA 

Los rostros son los mismos, 
los cuerpos son los mismos, 
las palabras huelen a viejo, 
las ideas a cadáver antiguo. 

Esto no es un poema: 
es un grito de rabia, 
rabia por los ojos huecos, 
por las palabras torpes 
que digo y que me dicen, 
por inclinar la cabeza 
ante ratones, 
ante cerebros llenos de orín, 
ante muertos persistentes 
que obstruyen el jardín del aire. 

Esto no es un poema: 
es un puntapié universal, 
un golpe en el estómago del cielo, 
una enorme náusea 
roja 
como era la sangre antes de ser agua. 


LA ANTOLOGÍA

¿tú eres
la gran poietisa
Susana Etcétera?
mucho gusto
me llamo Petrona Smith-Jones
soy profesora adjunta
de la Universidad de Poughkeepsie
que queda un poquipsi al sur de Vancouver
y estoy en la Argentina becada
por la Putifar Comissión
para hacer una antología
de escritoras en vías de desarrollo
desarrolladas y también menopáusicas
aunque es cosa sabida que sea como fuere
todas las que escribieron y escribirán en Argentina
ya pertenecen a la generación del 60
incluso las que están en guardería
e inclusísimamente las que están en geriátrico
pero lo que importa profundamente
de tu poesía y alrededores
es esa profesión –aaah ¿cómo se dice?–
profusión de íconos e índices
¿tú qué opinas del ícono?
¿lo usan todas las mujeres
o es también cosa del machismo?
porque tú sabes que en realidad
lo que a mí me interesa
es no sólo que escriban
sino que sean feministas
y si es posible alcohólicas
y si es posible anoréxicas
y si es posible violadas
y si es posible lesbianas
y si es posible muy muy desdichadas

es una antología democrática
pero por favor no me traigas

ni sanas ni independientes


OVA COMPLETA *

Filosofía significa 'violación de un ser viviente'.
Viene del griego filoso, 'que corta mucho',
y fía, 3º persona del verbo fiar, que quiere decir
'confiar' y también 'dar sin cobrar ad referendum'.
Ejercen esta actividad los llamados friends
o "Cofradía de los Sonrientes",
los fiadores -desde luego-,
los que de veras tienen la manija y los que creen tenerla
en la descomunal mezquita de Oj-Alá.

Una vez consumada la filosofía
se hacen presentes por orden de aparición:

la taquería el comisario el juez de la causa
el forense el abogado de oficio el reportero gráfico
el secreto del sumario Max Scheler una familia vecina
un psiquiatra dos guardias

Ya adentro, hay:

1 que perdió entrambas gambas 1 sacerdote
1 indiferente 1 sádico 1 calcomaníaco de Racing
1 (UN) ejemplar del Erasmo Ilustrado para Niños

Ya más,
ya bien adentro:

el recuerdo de una frase famosa el olvido de esa
frase famosa al que sigue el olvido de todo lo
famoso y lo que no lo es salvo tu culo.

Filosofía significa 'violación de un ser viviente'

cuando tu pena es condonada 26 años después
retomás su ejercicio o te lo ejercen.


*OVA: sustantivo plural neutro latino. Literalmente: huevos.
COMPLETA: participio pasivo plural neutro latino en concordancia con huevos. Literalmente: colmados. Variantes posibles: rellenos, repletos, rebosantes, henchidos.


De La morada imposible (Ediciones Corregidor, 2001)

sábado, 8 de septiembre de 2012

Tres poemas de Theodore Roethke


ORQUÍDEAS

Se inclinan sobre el sendero,
Bocas de serpiente,
Balanceándose cerca de tu rostro,
Creciendo, suaves y engañosas,
Flexibles y húmedas, delicadas
Como la lengua de un pájaro joven;
Sus labios vellosos palpitantes
Se mueven con lentitud,
Aspirando el aire cálido.

Y de noche,
Cuando la luna desfallece entre enjalbegados vidrios,
Y el calor desciende,
Entonces el almizclado perfume se hace más intenso,
Goteando desde sus musgosas cunas.
¡Tantos voraces recién nacidos!
Muelles dedos luminiscentes,
Labios ni muertos ni vivos,
Sueltas bocas espectrales
Que respiran.


MACABRO EPIDÉRMICO

Indecoroso es aquel que aborrece
La apariencia de su envoltura carnal,
El tejido fugaz cosido sobre el hueso,
La vestidura del esqueleto,
El ropaje ni vellón ni pelo,
La capa del mal y la desesperación,
El velo largamente violado
Por las caricias de la mano y del ojo.
Sin embargo, tal es mi indignidad:
Odio mi vestido epidérmico,
La salvaje obscenidad de la sangre,
Los andrajos de mi anatomía,
Y voluntariamente haría caso omiso
De los falsos atavíos del sentido,
Para dormir impúdicamente, como el más
Encarnado y carnal espectro.


VACIADERO DE FLORES

Cañas brillantes como escorias,
Tallos como babosas,
Enteras camadas de flores arrojadas en montón,
Claveles, verbenas, cosmos,
Abono, malezas, hojas muertas,
Raíces desventradas,
Con venas descoloridas
Entrelazadas como finos cabellos,
Cada masa con la forma de un tiesto,
Todo fláccido
Salvo un tulipán en la cumbre,
Una cabeza jactanciosa
Sobre lo agonizante, lo recién muerto.


Versiones de Alberto Girri